lunes, 17 de diciembre de 2007

CRONICA



"Guerreros mayas custodian el camino de Cuahtlatóhuac"



AGUA DULCE VER.
MIGUEL A. RODRIGUEZ
AGENCIA IMAGEN DEL GOLFO
Labios amordazados por el desaliento, ojos doblegados por el sueño, mejillas bautizadas con lagrimas de sudor, aliento que vence los segundos del respiro, orejas extenuadas por oraciones y plegarias, pies cuarteados que sostienen los milagros que se cuentan con veladoras que matizan el tricolor de altares que resguarda la Virgen de Guadalupe.
Son los rostros de la fe y de los cuerpos utilizados como instrumento para cumplir las promesas a la virgen morena materializada en el cerro del Tepeyac, son los rostros de los peregrinos mayas contemporáneos que corren centenares de kilómetros que se miden por las decenas de iglesias visitadas.
El día cuatro de este mes llegaron a la basílica de Guadalupe en la capital del país, los guerreros mayas se situaron en la plancha hidráulica que recorre a los pies de la virgen y con ojos que miraban al infinito del ayate pintada con rosas, la luz resplandeciente de las letras doradas ¿no estoy yo aquí que soy tu madre? cegaron a los indígenas como en aquel sábado 9 de diciembre de 1953 en la primera aparición de la Virgen.
Los diecisiete Juan Diegos "Cuahtlatóhuac" (el que habla como águila), a bordo de un camión cargueros se trasladan los Guadalupanos con estómagos vacíos que perturban los brazos azotados por el cansancio, quienes conducen una antorcha sofocada por las lágrimas del milagro.
Cuerpos endebles mantenidos por la fe, desde el segundo día del mes de diciembre abandonaron el poblado Dzitnuo Hkan enclavado en el estado pedregoso y semiárido del Campeche desconocido, de aquel alejado de los monstruos de hierro en la sonda que custodia el águila rojo.
José Alejandro Haaschuac de origen maya, enfundado en uniforme de "guerrero Guadalupano", conduce a una tropa de dieciséis soldados católicos fieles a la virgen morena, quienes pretenden llegar a la iglesia de San Francisco de Asís edificado en su hondonada tierra mística, cuando el sol rotule en el cielo el crepúsculo escarlata para rezar y darle gracias de los milagros recibidos a la Virgen de Guadalupe, patrona de México y emperatriz de América.